Es sabido que la leche de vaca no es recomendable para los lactantes humanos pero tampoco lo es promover la lactancia artificial en África. Cada vez son más los alérgicos o los intolerantes a los productos lácteos. La casi totalidad de la leche que se consume proviene de vacas en la que encontramos residuos de pesticidas, antibióticos y hormonas además de aditivos industriales. La leche tal como se presenta hoy es un producto industrial y en la consulta nos encontramos con pacientes afectados de problemas digestivos, infecciones otorrinolaringológicas de repetición que no resuelven los antibióticos, así como casos de asma y eczemas que mejoran por la abstención de su consumo. Indudablemente pasa lo mismo con el excesivo consumo de azúcar y de carbohidratos refinados (la intolerancia al gluten es cada vez mayor).

Aunque la tendencia de moda en la medicina es el enfoque genético, cuando una patología aparece hay que preguntarse por los factores patógenos del medio ambiente y de la importancia de una alimentación sana.  Así podemos explicarnos como el ambiente o  ambientoma influye sobre el genoma o código genético. Todos sabemos que existen múltiples factores ambientales que actúan desestructurando el ADN y que provocan la expresión de los genes del cáncer u oncogenes.

Se ha podido observar estos últimos decenios  un incremento en el consumo de productos lácteos y de  carbohidratos, ambos desnaturalizados. Otros factores que provocan una difícil digestión de la lactosa, de la caseína y del gluten vienen dados por la intoxicación por mercurio, cadmio, aluminio, plomo… , que provocan una difícil digestión de la lactosa, de la caseína y del gluten. Los «heavy metals» inhiben las reacciones enzimáticas bloqueando los oligoelementos o elementos traza. También influyen la contaminación del aire por micropartículas del humo de  los coches o el estrés.

Samuel Hahnemann en pleno siglo XVIII propuso una terapéutica en bajas dosis para aliviar los efectos secundarios de los medicamentos prescritos en su época, que algunos de ellos eran metales pesados.  Paradojas de la vida y de la medicina: del atolladero de donde Hahnemann nos sacó, nos ha metido otra vez la industria.

Los abonos químicos empobrecen el suelo en oligoelementos catalizadores y magnesio que son imprescindibles para la salud. Afortunadamente la medicina ortomolecular toma la herencia del médico francés Jacques Menetrier, que propuso el uso de oligoelementos (cobre, fosforo, litio, manganeso, plata, selenio, oro, zinc, níquel, cobalto…) para tratar las alergias, asma, artritis, insuficiencia suprarrenal y la fatiga crónica, para compensar los estragos en la salud provocados por los bloqueos enzimáticos.
Se habla de la permeabilidad intestinal como la causa de problemas alérgicos; sabemos que las moléculas mal digeridas actúan como alérgenos con actividad inmunológica  que  puede provocar desde trastornos neurológicos hasta hiperactividad.

Podemos concluir que los problemas ligados a los lácteos se derivan de su consumo excesivo, de la desnaturalización de los derivados lácteos, de patologías digestivas por mala praxis alimentaria, de los factores ambientales (biológicos y emocionales) de nuestro entorno y de una agricultura dopada con la que se alimentan animales y personas.

Felip Ramis